Quiero que acorruques mi deseo
bajo la sábana blanca tejida por el tuyo.
Sueño
el saborear los labios de tu flor,
fértil suelo donde darías vida
hasta al más moribundo de mis días.
No he muerto, pero no falta mucho.
Solo basta una palabra tuya
que en brutos espasmos
he de escuchar, anhelando
que abras la bóveda
de las palabras que nunca has
de dejar secar al sol.
En redobles mi lengua molerá la tuya:
caerán trombas de saliva
empapando las estrellas.
La noche se embriagara
de nuestra tentación añejada
desde hace años,
contados en miradas
Y en los roces de mi impaciencia.
Si supieras cuántas bajas
en mi sistema nervioso
provocas cuando invades mis mañanas,
cuando disparas tu mirada
justo en el centro de mi calma.
En mi cama se quedan
esas noches que siempre recuerdo...
que nunca llegarán.
La espera es el conato de un suspiro
que rima con tu nombre.
Sólo queda esta atormentada necesidad de escribir algo, que no sé lo que es. --Josefina Vicens.
miércoles, 5 de diciembre de 2018
viernes, 2 de noviembre de 2018
Al árbol de los huevones no le gusta su nombre
El secreto de mi semilla lo guardaré hasta que me vean
arrancado desde mis raíces. Sólo diré que buenas personas se encargaron de mí
cuando mi tallo había traspasado el vientre que me ofreció mi madre Tierra. Pude
sentir la caricia de mi padre el Sol. Gota a gota fui creciendo hacia arriba en
dirección a él
Estuve presente en los múltiples quehaceres de mis
compañeros que estaban a mí al rededor. Un ritual curioso que tenían ellos era
de multiplicar sus pasos cuando una campana sonaba cerca. Escuchaba a la
multitud reunirse y elevar alabanzas a un dios, parecían hormigas alborotadas
de aquí para allá, gritando alegremente, regañando a sus retoños. Entre ellos
había unos que descansaban sobre mis raíces, bajo mi sombra.
“¡Pinches huevones, levántense de ahí!” Siempre escuchaba
cuando esos “huevones” venían a visitarme. Al principio, pensaba que sería un
problema pasajero por los reiterados regaños que estos recibían, pero no fue
así.
Muchas primaveras pasaron y de repente cubrieron la tierra
que me rodeaba de un material duro, que absorbía, al igual que yo, los rayos
sin convertirlos en frutos u oxígeno puro. Los equinoccios y los solsticios se
fueron repitiendo, entonces sentí vibrar el suelo en lo más profundo. Un día
intente llevar mis raíces más allá en busca de agua y contacto con mis vecinos,
pero sentí una barrera que me detuvo y no pude penetrar. Pocas lunas llenas
después, sentía vibraciones pequeñas y que a partir de ahí se hicieron contantes
e incrementaron años más tarde.
Los huevones siguen aquí todavía. Me vienen a regalar su
tiempo, yo no se los pedí, y siempre los escucho afligirse cuando les hace
falta. Otros seres, ajenos de esta tierra, también han venido a refugiarse bajo
mi regazo, Cuando ellos llegan, los pasos se multiplican exorbitantemente, el
aire está lleno de olores a carne cocida, a maíz y trigo horneado, a frutas en
almíbar, entre otras cosas.
Hace algunos otoños los pasos disminuyeron, el suelo cerca
de mí se hizo más estático, un grupo de tortugas se había asentado. Colgaron en
mis ramas adornos a los cuales elevaban rezos, suplicando que les devolvieran a
sus jóvenes retoños. También acostumbraban hacer un llamado al cielo, pidiendo
esperanza, haciendo vibrar mis hojas.
Mis compañeros se esmeran en llamarme el “árbol de los
huevones”. Quiero decirles o, mejor dicho, aclarar que yo no soy de nadie más
que de la tierra en donde mis raíces se han fijado. No me queda más remedio que
quedarme aquí, pero estoy a gusto con eso. La misión que mis padres me han dado
es ser ejemplo de vida: estoy vivo y hospedo vida entre mis ramas y hojas; no
rechazo ni al más pequeño insecto ni al más huevon de los huevones, son bienvenidos
todos bajo mi sombra.
lunes, 10 de septiembre de 2018
Su nombre era Yelene
Me siento asqueado
Escurro un líquido
Oloroso de color alquitrán
que emana un humo ácido
Combinado con sudor de axila
La boca me sabe a azúcar
Artificial
A petróleo y cesio
con un toque de tabaco
Sal, limón y lápiz labial
Ella huele a shampoo
Alcohol y tristeza
Deslizó mis manos en sus piernas
Pulidas por el mismo contacto
De otros muchos hombres más
Subo a su cintura
Que ya lleva arrastrando
Los años
Las cervezas y la pena
Aprieto sus senos
Ya mallugados por el uso
Y delineó la circunferencia oculta
De sus aureolas
De vez en cuando
ella me aparta
me habla y toma un trago
de una cerveza el triple de cara
y vuelvo a envolverla
Dentro de mi sombra de lujuria
Aparto de mi camino su falda
No me permite entrar más allá
Procedo a delinear la grieta
De su sexo
A mallugar más su senos
Y seguir marcando su cuello
Levantando banderas a mi pasó
Dibujando el mapa de sus hombros
De sus brazos
y sus dedos de niña
Pero en la mesa puesto estaba
un reloj
que decía en cursiva Victoria
y cuando ella se había tragado
todos esos segundos
revueltos en alcohol
dijo "¡Ya!"
sostuvo mi cuello
y me beso.
Escurro un líquido
Oloroso de color alquitrán
que emana un humo ácido
Combinado con sudor de axila
La boca me sabe a azúcar
Artificial
A petróleo y cesio
con un toque de tabaco
Sal, limón y lápiz labial
Ella huele a shampoo
Alcohol y tristeza
Deslizó mis manos en sus piernas
Pulidas por el mismo contacto
De otros muchos hombres más
Subo a su cintura
Que ya lleva arrastrando
Los años
Las cervezas y la pena
Aprieto sus senos
Ya mallugados por el uso
Y delineó la circunferencia oculta
De sus aureolas
De vez en cuando
ella me aparta
me habla y toma un trago
de una cerveza el triple de cara
y vuelvo a envolverla
Dentro de mi sombra de lujuria
Aparto de mi camino su falda
No me permite entrar más allá
Procedo a delinear la grieta
De su sexo
A mallugar más su senos
Y seguir marcando su cuello
Levantando banderas a mi pasó
Dibujando el mapa de sus hombros
De sus brazos
y sus dedos de niña
Pero en la mesa puesto estaba
un reloj
que decía en cursiva Victoria
y cuando ella se había tragado
todos esos segundos
revueltos en alcohol
dijo "¡Ya!"
sostuvo mi cuello
y me beso.
viernes, 7 de septiembre de 2018
El View
La calle brillaba porque sobre los charcos de lluvia
se reflejaba secos los rayos del alumbrado público. Eran la 1 de la madrugada
de un domingo ocioso. Me acompañaban mis amigos José, Iván y Susana. Todos
estábamos nerviosos, yo sentía que mis piernas estaban más frías que de
costumbre. Cruzamos la calle después de un taxi, el cual se detuvo a bajar dos
chicas que iban al mismo lugar que nosotros: el View. Una de esas chicas era
demasiado alta, sus caderas eran pequeñas y su espalda era robusta, haciendo
contraste con su vestido de un gris azulado entallado. Su pelo era rubio y
traía puesto un gorro gris, sus zapatillas grises de un tacón muy alto.
Entramos a la plaza
comercial donde esta esté antro tan mentado.
- Son $40 de cover.
Iván recibió todos los
boletos y antes de entrar nos revisaron los bolsillos. Claro, no llevábamos
algo que no deberíamos, solo íbamos a divertirnos. Subimos las escaleras, el
ruido ya era fuerte, pero al subir y ver la pista de baile, esta estaba vacía.
Solo las luces de colores y la música se atrevían a pisarla.
Pedimos un cubetazo para
empezar, el mesero llego después con las 6 cervezas, destapo tres, Susana pidió
un refresco. Pasaron unos minutos para que la primera pareja cateara la pista
de baile. Fueron un chico y una chica, la misma de vestido gris azulado que vi
al entrar. El chico tenía que alzar mucho la vista para verla a los ojos, ella
vacilaba, pero la música venció sus cuerpos con sus estruendosos beats y
melodías repetitivas. Invitaban a uno a saltar o a moverse todo lo posible.
Enseguida más parejas se unieron, un chico invitaba a otro a bailar y se
sonreían coquetamente. Ahora la pistaba repleta, la música subió de volumen, el
sudor en sus frentes los hacia brillar; sus pasos de baile no eran los mejores,
pero la cuestión era moverse.
La gente seguía bailando, yo
apenas había tomado media cerveza y José e Iván ya iban con la segunda. Voltee
hacia la entrada, y vi como un hombre que parecía un dorito con piernas
entraba, con el singular caminar que tienen las personas musculosas. Por su
camisa amarilla y sus shorts pequeños, además de su cuerpo tan chusco, se hizo
presente para luego desaparecer atrás de la barra del bar. La playlist (porque
era obvio que no había un DJ en vivo) había llegado una canción más tranquila,
la primera pareja bajo de la pista y cada uno de ellos regreso a su mesa. Perdí
de vista a la chica, pero vi perfectamente cómo, cuando el muchacho se sentó en
su lugar, un amigo suyo le dijo:
-¡Jajaja! Pinche vato. -
Como quien recibe a su amigo tras proponerle un reto.
Me termine mi cerveza y me
abrieron la segunda. Susana me pidió que bailara con ella, tomo un trago y me
levanto de la silla. Ella y yo nos subimos en el pequeño lugar que había libre
en la pista y comenzamos a bailar. Mis pasos de bailes son los más carentes de
creatividad, pero cumplían su función. Y entre las luces de colores iba
recolectando miradas, la mayoría sonreía, otras se comían a la pareja que
tenían enfrente, se mordían los labios, invitaban a sus parejas que se acercaran.
Una pareja de novios bailaban a nuestro lado, el chico era muy delgado, hasta
los huesos y la chica estaba muy rellenita, con su gran panza de bolsa de agua
fresca. Bailaban y se detenían para darse besos muy apasionados, parecían
desaparecer entre sus bocas, como formando un solo rostro.
Susana y yo seguimos
bailando quien sabe por cuánto tiempo hasta que yo le dije que necesitaba
descansar, estaba ya muy sudado y me había aburrido de la música. Sin embargo,
el ambiente en el lugar era genial, se sentía tan bien estar allí. Tome
rápidamente mi cerveza que ya estaba caliente y enseguida me abrieron la
tercera, más fría, más agradable de tomar. Susana saco a bailar a José. Me
aburría, pues no pasaba que la gente solo bailara y los demás bebieran en sus
mesas. Después llego el segundo cubetazo. Por lo menos había más cervezas aún.
En la pista, subieron tres chicas, dos de ellas llevaban un outfit muy casual,
pero la que sobresalía era la más chaparra, con un vestido entallado de color
blanco con rayas azules, haciendo resaltar su trasero, que en la pista de baile
se movía como si de sus caderas saliera cada beat de la música. Me quede
clavado en su silueta y por un largo rato la observe bailar buscando su mirada,
mas no lo logre.
De repente, la música se
calló, todos bajaron de la pista y una voz anunciaba “¡La primera salida de la
noche!”. A la pista subieron el hombre dorito con un disfraz de policía y tras
de él, una colegiala con un cuerpo muy desviado de los cánones de belleza con
una mirada de culebra. Se introdujeron por el laberinto de mesas, cada uno por
su camino: el policía hacia las mujeres (que eran muy pocas) y la colegiala
hacia lo hombres, sentándose en sus piernas, bailándoles ahí. La colegiala se acercó
a nuestra mesa y bailo sobre Iván y luego se fue sin más, buscando más presas.
El show no duro mucho, los dos desaparecieron y la música sonó de nuevo. Para
ese momento, ya eran las 3 de la mañana.
Susana saco a bailar a Iván.
La pista de nuevo estaba llena. De nuevo mire la entrada, ahí llegaban una
pareja de hombres, que se pavoneaban con movimientos exagerados, con sus labios
fruncidos y un cigarro en su mano derecha. Se sentaron en una mesa donde ya los
esperaba otro hombre. Después de un rato, se paró esta pareja a bailar
desenfrenadamente y como no cabían ya en la pista, bailaron justo enfrente de
la entrada, casi en la cara del guardia de seguridad, quien los veía con cierta
incomodidad o confusión por sus movimientos.
Después de una hora más de
baile, la segunda salida empezó. La colegiala y el policía colocaron una silla
cada uno e invitaron a un hombre y a una mujer, respectivamente, para bailar
sobre ellos. El policía ya había agarrado a su chica preferida, una muchacha
delgadita y con el pelo rizado, de más o menos unos 23 años. La colegiala no
tuvo que buscar mucho, pues el muchacho delgado hasta los huesos apareció de
nuevo y se sentó. Ambos bailen compartían movimientos sugestivos: la colegiala
se apoyó con el respaldo de la silla para recibir las nalgadas del muchacho; el
policía movía sus caderas sobre el abdomen de la muchacha y otros movimientos
más.
El show acabo, el baile
comenzó de nuevo en la pista. Susana y José se fueron y solo quedamos Iván y
yo. Ya había perdido la cuenta de las cervezas que llevaba, solo tomaba trago
tras trago, expectante de algo más. En los rostro de todos se notaba la lujuria
que ardía sobre las brasas, los movimientos en la pista de baile eran mucho más
sueltos, tal vez por la inhibición del alcohol y el acaloramiento que la última
salida había provocado. Perdí la noción del tiempo, cada instante me parecía
eterno, caía en el aburrimiento y alcohol no se acababa. Tampoco quería bailar,
me sentía cansado, más bien esperaba la tercera salida por el morbo, “¿que será
lo siguiente que me espera?”.
La tercera salida comenzó,
ahora una sola silla estaba puesta en la pista. El policía salió de repente
desnudo, con un anillo que rodeaba la base de su pene. Bailaba sobándose su
miembro, bailaba pegado a las columnas, se acercó de nuevo a la mesa de la
chica de pelos rizados, volvió a la pista para una última exhibición enfrente
de todos y luego desapareció entre las sombras.
Luego apareció la colegiala
sin su uniforme, sino que con una blusa de brillitos, un top negro y un calzón
color blanco. “Un caballero cachondo que quiera subir a la pista” sonó en el altavoz.
Nadie parecía tomar la iniciativa. Así que la stripper, casi a la fuerza, tuvo
que subir a un hombre a sentarse y así pudo comenzar su show. Con música que
parecía de Las 50 sombras de Grey, ella se retorcía enfrente de él, mostrando
su culo, acariciando sus propias tetas y su cintura; pero lo curioso es que
aquel hombre tenía los ojos cerrados. “¡Vela! ¡Vela!” le decía yo desde mis
adentros. Luego ella se sentó sobre él y se quitó la blusa fallidamente, pues
se le había atorado con el arete que llevaba; ya que hubo librado de ese
contratiempo, se quitó aquel top negro y mostró ante todos sus senos que me
recordaban a los una amiga de la secundaria: apenas unos bultitos en forma de
cono, con los pezones de mamila. Ella se paró y acaricio el pecho de él desde
atrás, él intento chupar sus senos, pero ella no sé lo permitió y sin más,
termino el show.
Quitaron la silla, el baile
otra vez comenzó la gente a bailar, el alcohol era ya dueño de mis
pensamientos. Iván estaba interesado en una chica y solo recuerdo, sin saber cómo
lo logro, el apareció en la pista de baile con esa chica y me invitaron a
bailar, pero termine bailando con un chico gay que rápidamente se dio cuenta de
que no estaba interesado en él. Y ahí estuve, buscando alguna forma de zafarme
de esa situación. Vi como la chica del vestido rayado abandonaba el lugar, vi a
Iván sentado con otra chica distinta abrazándola. Luego sentí que alguien me
empujaba, era el gay que llego pavoneándose y entonces supe que era el momento
de retirarme.
Paso el tiempo entre más
tragos de cerveza, el View se iba vaciando, Iván ya estaba dormido y aun nos
faltaba la última botella. Vi la hora en mi celular y eran las 6:45 a.m.,
recordé que Iván tenía que ir a trabajar ese mismo día. Así que sacudí su
cabeza y le di unas cachetadas para que despertara y lo logre. Se terminó la última
botella y nos fuimos.
Al salir a la calle, la
humedad del asfalto se había secado, se habían quedado los charcos lodosos en
los baches profundos que caracterizan las calles de esta ciudad. Aún el cielo
estaba igual de oscuro que como cuando entramos hace ya unas horas, pero no
faltaba mucho ya para el amanecer.
miércoles, 22 de agosto de 2018
Yaourt
¿Qué se puede escribir en un día caluroso
si soy de mente fría y se me derriten las ideas?
La musa (la mía) se ha de haber ido con el otro
o con el otro de ese.
Tal vez esta en Acapulco, en la playa
con un bikini color pastel que nunca vi,
Comiendo sushi, construyendo castillos de arena,
Bailando en un antro, bebiendo o fumando...
Con el pelo quemado con luces que simulan ríos dorados
Con su piel de jade ya bronceada
y con un tatuaje de henna, sino es que permanente
¿Pensar en mi? Es lo ultimo que haría.
Ya la he de tener harta
Hasta la coronilla.
Regañándola, reprochándole todo:
-¡Una damita no se comporta así!
-Déjame trabajar.
-¡Bajate de la mesa!
-¡Devuélveme mi lápiz con una chingada!
Por eso se fue, porque cree que ya no la quiero
Porque ya no le doy su tiempo
Porque mi piel es teflón para su cariño
Porque mis labios son tierra erosionada para sembrar un beso
Y mis oídos dos compuertas que dejan fuera toda palabra suya
Y mis manos pues que dolor le provocan
Y mis ojos no la tocan
Se han perdido en otra cosa
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