viernes, 7 de septiembre de 2018

El View


La calle brillaba porque sobre los charcos de lluvia se reflejaba secos los rayos del alumbrado público. Eran la 1 de la madrugada de un domingo ocioso. Me acompañaban mis amigos José, Iván y Susana. Todos estábamos nerviosos, yo sentía que mis piernas estaban más frías que de costumbre. Cruzamos la calle después de un taxi, el cual se detuvo a bajar dos chicas que iban al mismo lugar que nosotros: el View. Una de esas chicas era demasiado alta, sus caderas eran pequeñas y su espalda era robusta, haciendo contraste con su vestido de un gris azulado entallado. Su pelo era rubio y traía puesto un gorro gris, sus zapatillas grises de un tacón muy alto.
Entramos a la plaza comercial donde esta esté antro tan mentado.
- Son $40 de cover.
Iván recibió todos los boletos y antes de entrar nos revisaron los bolsillos. Claro, no llevábamos algo que no deberíamos, solo íbamos a divertirnos. Subimos las escaleras, el ruido ya era fuerte, pero al subir y ver la pista de baile, esta estaba vacía. Solo las luces de colores y la música se atrevían a pisarla.
Pedimos un cubetazo para empezar, el mesero llego después con las 6 cervezas, destapo tres, Susana pidió un refresco. Pasaron unos minutos para que la primera pareja cateara la pista de baile. Fueron un chico y una chica, la misma de vestido gris azulado que vi al entrar. El chico tenía que alzar mucho la vista para verla a los ojos, ella vacilaba, pero la música venció sus cuerpos con sus estruendosos beats y melodías repetitivas. Invitaban a uno a saltar o a moverse todo lo posible. Enseguida más parejas se unieron, un chico invitaba a otro a bailar y se sonreían coquetamente. Ahora la pistaba repleta, la música subió de volumen, el sudor en sus frentes los hacia brillar; sus pasos de baile no eran los mejores, pero la cuestión era moverse.
La gente seguía bailando, yo apenas había tomado media cerveza y José e Iván ya iban con la segunda. Voltee hacia la entrada, y vi como un hombre que parecía un dorito con piernas entraba, con el singular caminar que tienen las personas musculosas. Por su camisa amarilla y sus shorts pequeños, además de su cuerpo tan chusco, se hizo presente para luego desaparecer atrás de la barra del bar. La playlist (porque era obvio que no había un DJ en vivo) había llegado una canción más tranquila, la primera pareja bajo de la pista y cada uno de ellos regreso a su mesa. Perdí de vista a la chica, pero vi perfectamente cómo, cuando el muchacho se sentó en su lugar, un amigo suyo le dijo:
-¡Jajaja! Pinche vato. - Como quien recibe a su amigo tras proponerle un reto.
Me termine mi cerveza y me abrieron la segunda. Susana me pidió que bailara con ella, tomo un trago y me levanto de la silla. Ella y yo nos subimos en el pequeño lugar que había libre en la pista y comenzamos a bailar. Mis pasos de bailes son los más carentes de creatividad, pero cumplían su función. Y entre las luces de colores iba recolectando miradas, la mayoría sonreía, otras se comían a la pareja que tenían enfrente, se mordían los labios, invitaban a sus parejas que se acercaran. Una pareja de novios bailaban a nuestro lado, el chico era muy delgado, hasta los huesos y la chica estaba muy rellenita, con su gran panza de bolsa de agua fresca. Bailaban y se detenían para darse besos muy apasionados, parecían desaparecer entre sus bocas, como formando un solo rostro.
Susana y yo seguimos bailando quien sabe por cuánto tiempo hasta que yo le dije que necesitaba descansar, estaba ya muy sudado y me había aburrido de la música. Sin embargo, el ambiente en el lugar era genial, se sentía tan bien estar allí. Tome rápidamente mi cerveza que ya estaba caliente y enseguida me abrieron la tercera, más fría, más agradable de tomar. Susana saco a bailar a José. Me aburría, pues no pasaba que la gente solo bailara y los demás bebieran en sus mesas. Después llego el segundo cubetazo. Por lo menos había más cervezas aún. En la pista, subieron tres chicas, dos de ellas llevaban un outfit muy casual, pero la que sobresalía era la más chaparra, con un vestido entallado de color blanco con rayas azules, haciendo resaltar su trasero, que en la pista de baile se movía como si de sus caderas saliera cada beat de la música. Me quede clavado en su silueta y por un largo rato la observe bailar buscando su mirada, mas no lo logre.
De repente, la música se calló, todos bajaron de la pista y una voz anunciaba “¡La primera salida de la noche!”. A la pista subieron el hombre dorito con un disfraz de policía y tras de él, una colegiala con un cuerpo muy desviado de los cánones de belleza con una mirada de culebra. Se introdujeron por el laberinto de mesas, cada uno por su camino: el policía hacia las mujeres (que eran muy pocas) y la colegiala hacia lo hombres, sentándose en sus piernas, bailándoles ahí. La colegiala se acercó a nuestra mesa y bailo sobre Iván y luego se fue sin más, buscando más presas. El show no duro mucho, los dos desaparecieron y la música sonó de nuevo. Para ese momento, ya eran las 3 de la mañana.
Susana saco a bailar a Iván. La pista de nuevo estaba llena. De nuevo mire la entrada, ahí llegaban una pareja de hombres, que se pavoneaban con movimientos exagerados, con sus labios fruncidos y un cigarro en su mano derecha. Se sentaron en una mesa donde ya los esperaba otro hombre. Después de un rato, se paró esta pareja a bailar desenfrenadamente y como no cabían ya en la pista, bailaron justo enfrente de la entrada, casi en la cara del guardia de seguridad, quien los veía con cierta incomodidad o confusión por sus movimientos.
Después de una hora más de baile, la segunda salida empezó. La colegiala y el policía colocaron una silla cada uno e invitaron a un hombre y a una mujer, respectivamente, para bailar sobre ellos. El policía ya había agarrado a su chica preferida, una muchacha delgadita y con el pelo rizado, de más o menos unos 23 años. La colegiala no tuvo que buscar mucho, pues el muchacho delgado hasta los huesos apareció de nuevo y se sentó. Ambos bailen compartían movimientos sugestivos: la colegiala se apoyó con el respaldo de la silla para recibir las nalgadas del muchacho; el policía movía sus caderas sobre el abdomen de la muchacha y otros movimientos más.
El show acabo, el baile comenzó de nuevo en la pista. Susana y José se fueron y solo quedamos Iván y yo. Ya había perdido la cuenta de las cervezas que llevaba, solo tomaba trago tras trago, expectante de algo más. En los rostro de todos se notaba la lujuria que ardía sobre las brasas, los movimientos en la pista de baile eran mucho más sueltos, tal vez por la inhibición del alcohol y el acaloramiento que la última salida había provocado. Perdí la noción del tiempo, cada instante me parecía eterno, caía en el aburrimiento y alcohol no se acababa. Tampoco quería bailar, me sentía cansado, más bien esperaba la tercera salida por el morbo, “¿que será lo siguiente que me espera?”.
La tercera salida comenzó, ahora una sola silla estaba puesta en la pista. El policía salió de repente desnudo, con un anillo que rodeaba la base de su pene. Bailaba sobándose su miembro, bailaba pegado a las columnas, se acercó de nuevo a la mesa de la chica de pelos rizados, volvió a la pista para una última exhibición enfrente de todos y luego desapareció entre las sombras.
Luego apareció la colegiala sin su uniforme, sino que con una blusa de brillitos, un top negro y un calzón color blanco. “Un caballero cachondo que quiera subir a la pista” sonó en el altavoz. Nadie parecía tomar la iniciativa. Así que la stripper, casi a la fuerza, tuvo que subir a un hombre a sentarse y así pudo comenzar su show. Con música que parecía de Las 50 sombras de Grey, ella se retorcía enfrente de él, mostrando su culo, acariciando sus propias tetas y su cintura; pero lo curioso es que aquel hombre tenía los ojos cerrados. “¡Vela! ¡Vela!” le decía yo desde mis adentros. Luego ella se sentó sobre él y se quitó la blusa fallidamente, pues se le había atorado con el arete que llevaba; ya que hubo librado de ese contratiempo, se quitó aquel top negro y mostró ante todos sus senos que me recordaban a los una amiga de la secundaria: apenas unos bultitos en forma de cono, con los pezones de mamila. Ella se paró y acaricio el pecho de él desde atrás, él intento chupar sus senos, pero ella no sé lo permitió y sin más, termino el show.
Quitaron la silla, el baile otra vez comenzó la gente a bailar, el alcohol era ya dueño de mis pensamientos. Iván estaba interesado en una chica y solo recuerdo, sin saber cómo lo logro, el apareció en la pista de baile con esa chica y me invitaron a bailar, pero termine bailando con un chico gay que rápidamente se dio cuenta de que no estaba interesado en él. Y ahí estuve, buscando alguna forma de zafarme de esa situación. Vi como la chica del vestido rayado abandonaba el lugar, vi a Iván sentado con otra chica distinta abrazándola. Luego sentí que alguien me empujaba, era el gay que llego pavoneándose y entonces supe que era el momento de retirarme.
Paso el tiempo entre más tragos de cerveza, el View se iba vaciando, Iván ya estaba dormido y aun nos faltaba la última botella. Vi la hora en mi celular y eran las 6:45 a.m., recordé que Iván tenía que ir a trabajar ese mismo día. Así que sacudí su cabeza y le di unas cachetadas para que despertara y lo logre. Se terminó la última botella y nos fuimos.
Al salir a la calle, la humedad del asfalto se había secado, se habían quedado los charcos lodosos en los baches profundos que caracterizan las calles de esta ciudad. Aún el cielo estaba igual de oscuro que como cuando entramos hace ya unas horas, pero no faltaba mucho ya para el amanecer.

miércoles, 22 de agosto de 2018

Yaourt


¿Qué se puede escribir en un día caluroso
si soy de mente fría y se me derriten las ideas?

La musa (la mía) se ha de haber ido con el otro
o con el otro de ese.
Tal vez esta en Acapulco, en la playa
con un bikini color pastel que nunca vi,
Comiendo sushi, construyendo castillos de arena,
Bailando en un antro, bebiendo o fumando...

Con el pelo quemado con luces que simulan ríos dorados
Con su piel de jade ya bronceada
y con un tatuaje de henna, sino es que permanente

¿Pensar en mi? Es lo ultimo que haría.
Ya la he de tener harta
Hasta la coronilla.
Regañándola, reprochándole todo:
-¡Una damita no se comporta así!
-Déjame trabajar.
-¡Bajate de la mesa!
-¡Devuélveme mi lápiz con una chingada!

Por eso se fue, porque cree que ya no la quiero
Porque ya no le doy su tiempo
Porque mi piel es teflón para su cariño
Porque mis labios son tierra erosionada para sembrar un beso
Y mis oídos dos compuertas que dejan fuera toda palabra suya
Y mis manos pues que dolor le provocan
Y mis ojos no la tocan
Se han perdido en otra cosa

viernes, 10 de agosto de 2018

No seas una personal normal

Durante años vivía deprimido, atosigado por la misma vida. Tenia amigos y muy buenos, pero de todas formas no me sentía parte de nada. Me sentía ajeno a cualquier interés o grupo social, aunque en la actualidad me sigo sintiendo ajeno, pero trabaje mucho para sentirme más cómodo y contento por mi condición.
En mi época en el bachillerato creía que siendo como lo demás, lo que yo consideraba una personal normal”me haría más feliz, que no sufriría como lo hacia. Por ese tiempo me había interesado muchísimo por la filosofía, porque sentía que daba una solución a todo, pero nunca aplique mis conocimientos. Sufría y sufría. Los últimos meses del bachillerato, antes de la graduación, fueron los más complicados para mi. Caí en un cuadro de ansiedad: lloraba en la calle, en la escuela me dieron tres ataques de ansiedad y en mi casa fueron mucho más. Era muy inseguro de mi mismo, tenia mucho pensamientos negativos, era un pesar cada día.
Empece a mejorar mi relación conmigo mismo cuando ingrese a la universidad, pues empezar desde cero con nuevos compañeros y ademas de conocer gente nueva, ofrecía una oportunidad desde mi perspectiva, yo quien quería desaparecer y ser otra persona muy distinta.
La verdad es que el cambio no fue tan rápido como yo quería, seguía igual de inseguro, con los mismos miedos, el primer semestre fue difícil para mi. Podría decirse que fui muy vulnerable con algunas personas e igual sufrí por sus respuestas y su desinterés por mi. Entonces fue ahí cuando me di cuenta de que si no me interesaba por mi mismo, nadie más lo haría.
Claro, el proceso siguió sin ser tan rápido, pero aprendí a ser más paciente conmigo mismo y consecuentemente con los demás. Mi amor por mi mismo incrementaba, aun tenia miedos, pero sin pensarlo mucho, lograba superarlos.
Un año tarde en aprender a amarme. Un libro que me apoyo mucho en esto fue El arte de amar de Erich Fromm.Entonces me obsesione por lograr ese amor verdadero que sé perfectamente que es inalcanzable, pero comenzar por ese camino te acerca a la plenitud. Voy por la vida dando más (lo que puede ser capaz mi propio ser) a lo demás, sin esperar nada. Igual sé que ser muy generoso es enfermizo, también hay que guardar algo para uno mismo.
Para no hacer larga la historia: yo soy una persona callada y solitaria y recientemente me interesado por ser una persona más parlanchina. Le pedí ayuda a un amigo que habla mucho que me comprende, que me recordó que ser como soy no es tan malo. Si lo sé y hasta tiene ventajas ser como soy, pero quiero dar más y por eso debo mejorar mi capacidad en todos los ámbitos. Ya no estoy tratando de ser como lo demás, sino que busco formas de compartir mejor lo que puedo ofrecer. Nunca dejare de ser la persona silenciosa y solitaria que soy, pero la mis congéneres necesitan de mi y yo quiero estar ahí para ayudarles, ofrecerles amor.
El amor es algo genial porque cuando das amor, generas amor de vuelta sin esperarlo. Nunca olvides dar amor a los demás, a todos.

martes, 7 de agosto de 2018

No sé bailar

Llovía
Las gotas se entrometían en nuestro
silencio por la ventana
Un rayo cayó tan cerca
Que apagó un segundo
al cielo

Yo estaba acostado en el suelo a tu pies
Y tú sentada a mi lado
Tal vez me veías
Yo tenía los ojos vendados
Con el paliacate que usé cuando bailamos juntos
Aquel balseado

No soportaba verte a los ojos
Esa ráfaga que salía por ellos
Me dejaba vulnerable
Sumiso antes tu pasos
Y como era obvio
Me tropecé
Y ya no quise bailar contigo
Sabía que me iba a equivocar
De nuevo
Que mis pies vacilarían
Que mis rodillas se harían añicos
Y mi ser no aguantaría tu mirada

Así que no lo intente otra vez
Y me quedé acostado a tus pies
Sin saber que hacer.
Y es así como me siento
Derrotado
Ignorante
Aguado del alma
No roto,
Más bien despegado
De mis partes

Y cuando me quite el paliacate
Ahí estabas tú
Con una sonrisa
Parecida a una gota de rocío
Deslizándose por la hoja más verde
Con el mismo brillo del sol al alba