viernes, 27 de abril de 2018

De libros, poesía y mezcal


“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”.  Siendo estas palabras la chispa que encendió mi viaje de poco más de media hora hacia Tixtla, dónde se levantó  la 6ta feria del libro guerrerense. Siendo está un homenaje en vida para el escritor chilpancingueño Pepe Rojo.

Sobre la explanada de la plaza cívica de Tixtla, estaba montada la sala de lectura Pita Amor equipada con asientos para presenciar los ciclos de lectura y demás conferencias que se impartieron en esta feria del libro itinerante, que también tuvo lugar en escuelas de esta ciudad. Unos pocos minutos después de las 17 horas, comenzó la charla con el autor Ángel Vargas quien presentó su libro El viaje y lo domestico. El autor acapulqueño nos habló sobre su libro y contesto algunas preguntas del público, en su mayoría estudiantes de preparatoria (acarreados literarios). “La lectura es la primera escuela del escritor”, fue una de las respuestas que dio el autor al preguntarle qué consejos daría a los escritores novatos. Al terminar la charla, Ángel Vargas firmo su libro a todos los presentes que formaron una larga fila justo afuera de la sala de lectura.

Ángel Vargas
Justo después comenzó la lectura de obra de Pepe Rojo y Gabriela Damián. La autora leyó Futura Nereida, una obra que en palabras de su creadora “es una historia de amor, ¡si, de amor! Pero de amor hacia los libros. Es muy cursi, así que prepárense”. Antes de iniciar el autor Pepe Rojo con su lectura, nos pidió a todos los presentes pensar en nuestra palabra favorita y recordarla para cuando él acabara de leer. Todos lo hicimos y escuchamos con atención, porque era inevitable no hacerlo, Bondage mediático, altamente recomendable. Al terminar, Pepe Rojo paso por cada uno de los lugares y con el micrófono hizo que todos pronunciáramos nuestra palabra, siendo un experimento para crear una historia entre todos. Algo que al final resulto en algo sin pies y cabeza.

Gabriela Damián
Unos poco minutos después comenzó el homenaje a Pepe Rojo, después de tanto protocolo y felicitaciones. En pantalla se mostró un mensaje del autor Bernardo Fernández, quien no pudo presentarse en el evento, pero quiso dar sus felicitaciones. Luego le siguieron el autor chilpancingueño Carlos. F. Ortiz e Iván Farías de la Ciudad de México, todos animados por el ardiente sabor del mezcal guerrerense.
Carlos Ortiz, Pepe Rojo e Ivan Farías (de izquierda a derecha)

domingo, 25 de marzo de 2018

Solitario

Oculto en tu cubil
bestia ermitaña
deambulas
entre la enredadera de tus pensamientos
Flores de recuerdos
Raices de fantasías

Fútil es tu existencia
y vanos tus intentos
de derramar tus penas
sobre el papel
con figuras que simulan las formas del mundo
que fallan en imitar la esencia
de lo innombrable
de lo prohibido
de lo que esconde
el laberinto de tus entrañas

Te quedas corto
tus penas sobresalen de tu contorno
eres mancha amorfa
marginal
huella invisible de existencia
marca que no marca
sello que no sella

De tus ojos
caen lágrimas de desierto
De tus manos
letras líquidas y saladas
sudor hediondo
residuo pueril.

jueves, 1 de marzo de 2018

Alerta de tsunami

En el intento de
la capa nocturna del cielo,
cubrir mi cabeza de ensueños,
en esas noches de vigilia
un mar de pensamientos me inunda.
Y entonces llegas tú:
tromba dulce, bella;
tsunami que abraza
a llevarte a esas
que son mis penas.
Ola que no destruye,
compone.
Agua que no limpia,
sana.
Sal que no arruina,
nutre.

Eres desastre que me convierte en
obra.
Eres fenomeno que me convierte en
milagro.

domingo, 18 de febrero de 2018

La ciudad de los recuerdos

Son las 6 de la mañana, salgo de mi casa con dirección al tecnológico. Bajo a pata de mi cerro, ese por donde el sol le abre el telón a la noche. Durante mi viaje de 30 minutos, veo como la vida va despertando poco a poco en las calles de este pueblo.
    Veo al señor preocupado, que se le está haciendo tarde para el trabajo; a la señora que vende cocteles de frutas junto a la parada, que va sacándole jugo a las naranjas y en su mesita ya están 3 cocteles hechos; al señor que cada mañana corre con sus short pequeños en sus piernas de palo, aunque el frio esta que cala. Avanzo un poco más allá del kínder. La principal de la Amelitos apenas se va alumbrando y las combis y los autos la van invadiendo.
    Llego al mirador de Las Granjas, desde donde se ve la caricia tímida del sol, por las espaldas del cerro de enfrente. Observó la postal, digna de que un gran artista pictórico lo retrate, o por lo menos por un buen artista local. Sigo mi camino al ritmo de las llantas de los carros que vibran por la carretera. Apenas los perros van levantando sus caritas inocentes y otros ni se asoman.
    Unas cuadras antes de llegar a la tranca de la colonia Zapata, van saliendo los alumnos del Bachilleres, del CBTIS y de la UAGro, algunos con prisa y otros con hueva o con cara de cruda. Van llenando las combis, de la misma forma ridícula que los payasos de las caricaturas llenan un volkswagen: apretujados, respirando las exhalaciones ajenas y rozándose unos a otros. Todo sea por llegar a tiempo, piensa el pasajero que va parado. Todo sea por llevar más pasaje, piensa el conductor, que tiene la radio encendida ya sea en la Ke buena o Capital Máxima.
    Doblo la esquina y el mercado de la colonia ya está funcionando. Mero ahí cerca está el bar que a un lado de su estrecha puerta, tiene un espejo por donde me miró y me saludo con una sonrisa falsa y burlona de oreja a oreja, para hacerme reír desde muy temprano. El mismo espejo en dónde las putas, por las noches, se acomodan el maquillaje y el vestido entallado para engatusar al borracho común.
    Llego al Oxxo que está justo al lado del puente Ayutla y me detengo a pensar. ¿Tomo combi o sigo caminando? Camino, así me ahorro otros 6 pesos del pasaje. ¿Subo al centro o le doy por el boulevard? Comparo. Si le doy por el boulevard, tendría que soportar el ruido molesto de la autopista y el polvo a granel. Lo único bueno de darle por ahí es esa chica de los jugos, que está como quiere, pero no me he atrevido a echarle verbo. Decido subir al centro, otro día la saludo con más calma.

***

    Eran la 1 de la tarde. Era una tarde calurosa, nos protegimos del bochornoso calor, sentados en una banca que olía a miados y tenía sospechosas manchas marrones, bajo la sombra de un macilento árbol. El viento refrescaba nuestras espaldas sudadas, pues por error nos habíamos bajado de la combi tres cuadras antes de nuestro destino original.
    Venía acompañado de un viejo amigo de la secundaria, quien me conto su experiencia cuando daba platicas en los anexos, como el que estaba a nuestro lado: un amplio inmueble de color azul cielo, con una fachada que parecía a la de una iglesia, con un gran portón blanco, en el cual se escuchan gritos de motivación.
    - Hasta parece una iglesia- recalque.
    - Pues por dentro también lo parece. Entras y el lugar es muy amplio. Hay varias filas de bancas, donde caben de 5 a 7 anexados y, al fondo, un podio desde donde les hablan.
    Mi amigo me conto que este era uno de los anexos más grandes de la ciudad, que su población era de aproximadamente 100 personas.
    - Cuando uno de ellos intenta escapar- agrego mi amigo- porque ha visto que la puerta esta descuidadamente abierta, el encargado del lugar, que por lo general tiene su oficina cerca de la entrada, sale con una tabla que dice en letras grandes “Aquí te quedas porque te quedas”.
    - ¿Les pegan con esa tabla?
    - Shh, - dijo quedito- no lo sé, pero se supone que golpearlos no está permitido. Hasta el más negrito de ahí se pone blanco del susto, y regresa al dormitorio, donde duerme junto con sus demás compañeros.
    Enfrente de nosotros, llega un carro que trae cajas de despensas; dos perros descansan sobre un montón de grava y la calle de arriba, está llena de niños que juegan y gritan riendo.
    - Ya hace sed.- hice notar a mi amigo.
    - Si pues, ya vamos.
    Entramos a la tienda de la esquina y compramos una coca de 1.5L, dos vasos, unas sabritas y dos barajas españolas, estas últimas la principal razón porque habíamos venido a tan recóndita colonia, casi a las afueras. Pues según mi amigo “aquí están más baratas”.
    Regresamos a la banca y por como 2 horas seguidas jugamos conquián, sin apostar, “de a mentís” como solíamos decir cuando jugábamos tazos en la primaria. El refresco logro enmascarar nuestro apetito de comida y amenizo dulcemente nuestra plática y juego.
    - He visto de todo.- Agrego mientras bajaba tercia de 4 cuatros y pagaba con 9 de bastos. – Me he encontrado con niños que están dentro de las drogas o el alcohol, he encontrado padre e hijo juntos en el mismo anexo. Pero lo que más he notado es que hay mucha más niñas, como de 12 años, que ya están anexadas.
    - Versos.- Asombrado dije, sin saber que más decir.
    El anexo paso al plano del olvido y las bromas comenzaron, como que los dos queríamos hablar de nosotros, los dos viejos amigos, y no de esos borrachos y drogadictos que estaban a unos cuantos metros, protegidos del mundo y sus vicios por un portón de 3 metros de altura. Nuestros pensamientos pasaron a estar fijos en los viejos amigos, en las mujeres y los buenos ratos que habían quedado atrás, como nosotros dos, atorados en el pasado.

***

Explanada Primer Congreso de Anahuac, Chilpancingo, Gro.

    Casi las 8 de la noche. Los pies caen rápida y pesadamente sobre el suelo, encharcándolo de prisa, de la urgencia de huir; la voz colectiva de las gentes silba y golpea haciendo el aire más frio y el trueno sin rayo de las cortinas metálicas de los locales se hace presente.
    - Pásele... Canciones de su agrado... ¡YIJA!... ¡Qué voy hacer contigoooo! – Poco le entiendo a la niña ciega que canta sin ganas.
    Dejo la jardinera del Casino del estudiante, donde me había sentado un momento para descansar. Entre las luces y la gente que transitaba, avanzaba esquivando a los demás como si bailara un vals: derecha, izquierda, atrás y de nuevo adelante. El andador Zapata estaba repleto y en ese momento me di cuenta de que el Centro aun no me dejaba ir, por eso todos huimos de él en la noche, para que no nos consuma. Sin más, camine rápido a mi parada, porque si no, aquí me iba a quedar a vagar entre el ruido y la multitud
    -¡Súbale! ¡Es directo a la colonia! – gritaba el cumbiero, invocando a los pasajeros.
    Cuando estuvo llena, el viaje de regreso a casa comenzó. Como iba directo, bajo al encauzamiento y después entro por el cementerio a la calle Ayutla. Ahora, el mismo camino que tomo por las mañanas, lo recorría como a una canción se le escucha al revés. Durante la noche el mercado ya no está, pero está igual de habitada la calle de la tranca. El bar la Panchita ya estaba abierto, apenas se estaba encendiendo el ambiente de mala muerte dentro.
    Desde el mirador de las Granjas, se podía ver como la superficie del cerro se había fusionado con el negro del cielo, ahora el alumbrado público formaba parte del firmamento. La principal de la Amelitos era iluminada por los ciber-cafes, los restaurantes, las peluquerías, las tiendas de abarrotes y farmacias. Los perros ladran entre el laberinto de casas. Las patrullas hacen sus rondas. La gente va bajando de la combi y van regándose como semillas de sueños que germinaran esta noche. La oscuridad me intercambio a la señora de los cocteles, por el señor de los tacos; al señor que va tarde al trabajo, por el alumno que llega tarde a casa, y al corredor de piernas largas y flacas por el borracho que dice pura pendejada.
    Por fin llego a mi casa, ya son las 9 y media. Los hogares no tardaran en irse a dormir y entonces, estaremos aquellos que, entre el insomnio, la nostalgia y la melancolía nocturna, habitamos la ciudad de los recuerdos. Esa donde el presente siempre se repite y atrás está el pasado, con los recuerdos tan distintos, mero ahí donde reside la belleza, un poco extraña, un poco tonta, de esta ciudad.

sábado, 27 de enero de 2018

Monólogo #1

Pueden pasar varios días o semanas en que apenas escucho mi propia voz. Solo la uso para decir lo más esencial. Así que cuando tengo que expresarme, la vuelvo a escuchar como es realmente. Llena de ecolalia, tartamudeos e incoherencias semanticas, gramaticales y logicas, con cierto sentido del humor que a veces agrada a mis amigos y familia. Ocurrencias que apenas pienso y me pregunto de donde salen y trato de repetirlas de manera más conciente y no puedo. Así que me guardo el placer de escuchar mi voz, con sus picos agudos y otros graves, que a de a ratos es chillona y otras parace de borracho adormilado. No es tan másculina y ni tan afeminada, mi voz es androgina. Sin querer, tengo ese acento que caracteriza a los "fresas" (como se les conoce en México a los que se creen muy muy y son hijos de papi). Suelo usar el "ito" más frecuentemente de lo que creía.

-Qué bonito... chiquitito... grandecito... saborsito... mi sombrerito... despacito.

¿Por que tengo esa mania? Mi voz suele ser tierna, como que no quiero lastimar con el sonido, pero a veces lo hago con lo que digo. No lo digo con esa intención y la gente suele darle otra interpretación. El tacto es algo que debo mejorar.

Prefiero escribir y escuchar, antes que hablar con los demas. Porque al escribir puedes corregir y no pasa nada, y cuando escuchas, el que se equivoca es otro. El placer de escuchar mi propia voz solo se la permito a quien me ha invitado a hablar, a decir las tonterias sin sentido que sale de mis labios.
Lo que intento en este texto es traducir lo que mi voz sonora a mi dialogo interno, que considero es tan caotica, que entre el desorden, se puede encontrar un pequeño patrón digno de salir e imprimirse sobre el papel o la pantalla. Siendo la voz de mi interior mi preferida, aunque para la lectura de poesía no tanto, porque con ella no puedo disfrutar la musica de la poesia. Ese es su unico defecto.

Y hablando de la lectura en voz alta. Cuando la hago frente al microfono es tan dificil a diferencia de la lectura en casa, frente al espejo o a una camara. Porque la evidencia de los nervios, el tartamudeo y demas vicios del habla, solo podras verlos tu guardado en un video subido a la nube, solo tú. En cambio, frente al publico, es diferente. Podria pasar que alguien te gabre o tome una foto y guarda la evidencia de tu error, y deja eso. No solo digitalmete estara guardado en la memoria universal de internet, sino tambien en la memoria colectiva del publico, del auditorio que esta enfrente tuyo. Siendo este muy grande o pequeño, el secreto de tus errores, ahora se reguerda en otra cabeza.
Por eso me guardo para mi mismo ese placer, el de mi propia voz. Solo para mi y nada más. Que los demas hablen y yo los escucho, así ellos se equivocan y podre reirme de ellos, descubrir sus puntos flacos y fuertes, de su vida, de otra forma de ver al universo y sus inquietudes. Así ya sé lo que no sabia que no sabia. ¡Qué se equivoquen los demas, que el secreto es mio y quiero nadie más lo sepa! Me tapare la cara, modulare mi voz para que suene más grave, ese tipo de voz por la que todos, hombres y mujeres, se mojan. ¿Que tiene de especial? Es un tipo de voz más. La voz aguda tambien es agradable e igual de calida. La voz femenina es increible. Y que digo, hermosa. Esto es un exhorto a que escuchen voces femeninas, son lo mejor.

ADIOS.

¡QUE DIOS TE BENDIGA! A DIOS HAS DE IR. ADIOS. ADIOS. ADIOS A DIOS. DIOS. DIOS.

¿Quien es Dios? Pues el que sale de mi voz, por eso lo guardo con recelo, solo para mi y nadie más. A Dios le pido que Dios no existe más alla de mi boca y me pensamiento, las letras y el papel, la pluma y el cuaderno, la poesia y la novela, el pensamiento crudo y el monologo sin sentido. Mi Dios es libre de hacer lo que quiera, de dejar huella discreta, si el lo quiere. Mi dios no existe en la omnipresencia del aire, pero se transmite en él por un pequeño breve lapso de tiempo reducido.

Me voy, porque mi voz ya ha sido muy maneatada. Adios, adios.