Llovía
Las gotas se entrometían en nuestro
silencio por la ventana
Un rayo cayó tan cerca
Que apagó un segundo
al cielo
Yo estaba acostado en el suelo a tu pies
Y tú sentada a mi lado
Tal vez me veías
Yo tenía los ojos vendados
Con el paliacate que usé cuando bailamos juntos
Aquel balseado
No soportaba verte a los ojos
Esa ráfaga que salía por ellos
Me dejaba vulnerable
Sumiso antes tu pasos
Y como era obvio
Me tropecé
Y ya no quise bailar contigo
Sabía que me iba a equivocar
De nuevo
Que mis pies vacilarían
Que mis rodillas se harían añicos
Y mi ser no aguantaría tu mirada
Así que no lo intente otra vez
Y me quedé acostado a tus pies
Sin saber que hacer.
Y es así como me siento
Derrotado
Ignorante
Aguado del alma
No roto,
Más bien despegado
De mis partes
Y cuando me quite el paliacate
Ahí estabas tú
Con una sonrisa
Parecida a una gota de rocío
Deslizándose por la hoja más verde
Con el mismo brillo del sol al alba
Sólo queda esta atormentada necesidad de escribir algo, que no sé lo que es. --Josefina Vicens.
martes, 7 de agosto de 2018
domingo, 22 de julio de 2018
Contigua 12
A las 6 de la mañana, en punto, sonó la alarma. Cuarenta minutos tarde en arreglarme, desayunar un vaso de leche y recordar, aunque sea un poco, la capacitación que recibí durante un mes y medio por medio de mi CAE (Capacitador Asistente Electoral). Salí a la calle con colores neutros que no hicieran ningún tipo de referencia a algún partido, como me habían indicado. Me había peinado tratando de lucir mis rizos y llevaba una barba de unas pocas semanas, rala, pero existente.
Tome un taxi y llegue a la unidad deportiva Los Hermano Galeana, en el domicilio conocido. Apenas el sol intentaba alumbrar las jardineras de las canchas y a duras penas encontré o, más bien, mi CAE me encontró.
- Hola joven.- Me dio la mano y me dio los buenos días.
Desde el primer momento me pidió mi asistencia con el transporte de los muebles para tres casillas, una de esas era la mía. Iba de aquí para allá cargando sillas plegables y mesas con la ayuda de algún otro funcionario o CAE. La luz natural aún no era suficiente cuando acabamos y llegó la presidenta de mi casilla: Doña Rosy. Fuimos hasta donde había estacionado su carro, donde traía los paquetes electorales. Yo cargue con la de las elecciones locales, la que de por si era el encargado de su tratamiento durante el día como segundo secretario.
De apoco iban llegando los representantes de partido (RP) y mis compañeras funcionarias: doña Aida, la primera escrutadora; doña Xóchitl, tercera escrutadora; doña Esme, la primera secretaria, y la segunda escrutadora ni sus luces. A las 7 y media, doña Rosy me indico que empezara con el acta de la jornada electoral. Mientras las llenaba con los datos básicos, mis compañeras armaron las mamparas y las urnas. Yo seguí con el conteo de boletas y como viejas chismosas, tres RP’s se acercaron a mi exigiendo que el conteo lo hiciera en voz alta y que les permitiera ver los folios de las boletas. En cierta manera, me ayudaron con este proceso que llevo su tiempo. También doña Esme contó las boletas de las elecciones federales y ahí es cuando una RP de Morena ejerció su derecho de firmar las boletas para comprobar la integridad de estas. Esto atraso el inicio de la votación en nuestra casilla por cómo una hora. Los ciudadanos comenzaron a molestarse e incluso uno de ellos llamo a la FEPADE, a la prensa o a quien sabe quién quejándose sobre el retardo de las votaciones. Ya querían votar pues.
Cerca de las 9 comenzó la votación y durante 5 horas el flujo de los ciudadanos fue saturado y continuo. Durante ese tiempo, yo veía que una chica se la pasaba cerca de las urnas y yo preguntaba a doña Aida que quien era: no sabía responderme. Cuando me pasaron los nombramientos de mis compañeras me lleve la sorpresa de que estábamos completos y descubrí que la segunda escrutadora era esa chica llamada Andrea. Sin mayores problemas la votación siguió su curso. Los RP’s ayudaban en la búsqueda de los ciudadanos en sus propias listas nominales, doña Aida y yo resellábamos credenciales y marcábamos los pulgares de las personas con la tinta indeleble. Ya tenía manchada la mano izquierda de esta tinta, pero mi pulgar derecho seguía vacío.
Cerca de las 2 de la tarde, almorzamos todos, a mí me tocó el último turno. Fui a la lona más cercana y me compre una gordita de chicharrón con salsa roja que me supo a gloria. Como se acercaba la hora de la comida, se redujo el flujo de ciudadanos. Para ese entonces ya teníamos una lona cubriéndonos del sol, pero no del calor. En mi mano derecha me empezaban a salir callos por estar resellando las credenciales.
A las 2 y media de la tarde le dije a doña Rosy:
-Voy a ir a votar presidenta.
Doña Rosy me dijo que estaba de acuerdo y corriendo, apretando con mi puño, sobre mi pecho, el gafete de segundo secretario donde llevaba mi credencial, me dirigí a la fila de la casilla que me tocaba. Desde la mañana había sido la fila más larga, pero de alguna forma los funcionarios de esa casilla habían logrado que el flujo fuera rápido y constante. Tarde como 10 minutos formado. Llegue a la mesa, saque mi credencial y se la entregue al primer secretario, me busco en la lista nominal
-107.-grito a los RP de esa casilla y marco con el sello “Voto 2018” mi posición en la lista.
El presidente me entrego mis boletas y un minutos después entre a la mampara para votar. Fue la primera vez que ejercía mi derecho como ciudadano responsable. Reflexione aún sobre mi voto, porque seguía indeciso. Cada vez que marcaba la equis sobre el recuadro suspiraba y remarcaba bien mi intención de voto para facilitarle el trabajo a mis colegas. Antes de salir de la mampara doble mis votos, me quite del camino la cortina blanca y ahí enfrente estaban las urnas. Uno por uno iba introduciendo mis votos. Entonces me devolvieron mi credencial ya resellada.
-Márcale bien. – Le dije a la escrutadora que sostuvo mi pulgar derecho desnudo, ahora cubierto de esa tinta que por primera vez impregnaba mi piel.
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| Estos son solo tres pulgares de los 56 millones, 611 mil veintisiete totales que fueron a votar este 1° de julio. |
Regrese a mi casilla a hacer mi trabajo. Una hora después comí barbacoa que nos trajo nuestra CAE Mary. Las cosas siguieron igual hasta cerca de las 6 de la tarde. Yo seguí llenando el acta de la jornada electoral, pidiendo firmas a los RP y a mis compañeras. A las 6 en punto se hizo el corte de fila, aún habían ciudadanos formados y otros no alcanzaron a formarse, yéndose molestos y echando maldiciones, ¿qué más querían? A las 6 en punto marca la ley que se terminan las votaciones.
Entre todos comenzamos con la cancelación de las boletas sobrantes y el conteo de estas. Luego seguí con el conteo de los votos, la actividad que se llevó la mayor cantidad de tiempo en la casilla, terminando este proceso hasta la 1 de la madrugada del día 2 de julio. Mientras lo hacíamos, la noche nos fue cubriendo y no había alumbrado público que nos ayudara a escrutar los votos de los ciudadanos. Así que algunas personas o RP nos ofrecían el flash de sus celulares inteligentes, que apenas alcanzaba para distinguir entre votos válidos y nulos. Ya contados los montones de cada partido y coalición, yo los anotaba en un cuadernillo donde podía equivocarme y corregir, antes de ingresar los datos finales al acta de escrutinio y cómputo.
Hubiéramos terminado antes si un RP general del PRI no hubiera llegado a solo provocar un incidente, una riña de palabras solamente y que casi hace clausurar nuestra casilla y el conteo de los votos, con el argumento de que habíamos impedido el derecho a votar a alguien violentamente, para ese entonces eran las 11 de la noche. Todos los demás RP’s y nosotros, los funcionarios de esa casilla, no estuvimos de acuerdo con tal acusación. Entonces se armó un relajo durante 15 minutos, hasta que todos nos unimos y empezamos a gritar “¡Fuera, fuera!”. El RP general y la RP de nuestra casilla se fueron con la cola entre las patas y nunca más se volvieron a aparecer ahí. El conteo continúo.
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| Escrutinio y computo de los votos |
Aún después de terminado el escrutinio y cómputo de los votos, el trabajo en la casilla no terminaba. Doña Esme y yo seguíamos con el llenado de las actas, el recibimiento de firmas y la publicación de los resultados. Esto nos llevó otra hora más y hasta que recibimos la última firma del último representante y entregamos sus copias de las actas de la jornada electoral, de incidentes y de escrutinio y cómputo; hasta que habíamos llenado y sellado los paquetes electorales; hasta que habíamos llevado a una casa cerca de las canchas a guardar las sillas y las mesas, las lonas y los pocos focos que aún alumbraban lo que quedaba de las casillas; hasta nuestra CAE nos entregó un sobre con el fruto de 19 horas trabajo en la jornada electoral en la casilla, hasta ese momento nos fuimos de ahí. Pero aún no acaba el proceso, solo faltaba un paso más: entregar el paquete electoral al consejo distrital.
Tres segundos secretarios, junto a una CAE del IEPC y un funcionario que tenía un carro, metimos a la cajuela 4 paquetes electorales locales y en la oscura soledad de las calles de Chilpancingo a las 2 y media de la madrugada, nos dirigimos al consejo del distrito 01 del estado. En la capacitación nos habían dicho que las fuerzas armadas nos resguardarían en el transporte de los paquetes, pero no fue así. A pesar de esto, en el camino, no pasó nada anormal.
Llegamos al consejo que se encuentra cerca del CONALEP y enseguida nos recibieron los paquetes. A cada funcionario le pidieron sus datos y nos dieron un comprobante de que habíamos entregado los paquetes, que al final tuvimos que entregarle a la CAE que nos acompañaba. Mientras anotaban mis datos por la entrega del paquete, atrás de la señorita que me atendía veía al equipo del PREP capturando los datos, gritándose quién sabe qué.
Ya entregado y resguardado el paquete en el consejo, los demás funcionarios de casilla se fueron por sus propios medios a sus casas. Yo aún me quede con la CAE, quien pidió un taxi y lo pago directo a mi casa. Cuando llegue a mi casa ya eran las 3 de la madrugada: me esperaban todavía y las primeras palabras que escuche fueron:
-Gano tu abuelito.
Entre a mi cuarto, me quite las ropas para ponerme unas más cómodas, me arroje sobre la cama y programe la alarma para en la mañana ir a clases. La jornada electoral por fin había terminado, horas después me preocuparía por los resultados. En ese momento, solo quería dormir.
lunes, 11 de junio de 2018
El mismo rayo de luz
El mismo rayo de luz
me abrió los ojos esta mañana
Entro por la ventana
tenía el color de tu piel
Mire afuera y había un verde encendido
un encendió de vida alto y pasivo
El viento soplaba quedito
con los labios en forma de o
suave, lento, cariñoso.
Un pájaro cuelga de una rama
la zangolotea sin caer al vacío
Pero a él no le importa
al final dios por algo le dio alas
Otros pájaros siguen cantando
o gritan intentando despertar a la vida
Ahora todo está quieto
parece una fotografía
¿Sera posible que las cigarras sigan dormidas?
¿Algún gusano ya habrá empezado a trazar caminos en el lodo?
¿Los insectos sentirán modorra?
¿La nueva generación de moscas ya habrá nacido?
¿En dónde descansan los mosquitos?
A veces quiero ser un gusano:
quitarme las ropas
entrar desnudo al lodo
serpentear trazando caminos
sentir la frescura de la tierra de donde provengo
Ser ciego, perder los ojos
la nariz y los oídos
Solo sentir y comer
Ser aún más rosado
Comerme al mundo de a pequeños bocados
Que al final mis restos alimenten al resto de la vida
Sería aún más útil que con mi forma humana
A veces quiero ser algo más que esto
unirme al paisaje
ser viento que sacude a las hojas
ser árbol que resiste tempestades
ser tallo y hoja,
para de tierra y sol solo alimentarme
Pero al fin de cuentas
soy esto, sin sentirlo de verdad
soy lo otro y aquello
sin ser yo en realidad
me abrió los ojos esta mañana
Entro por la ventana
tenía el color de tu piel
Mire afuera y había un verde encendido
un encendió de vida alto y pasivo
El viento soplaba quedito
con los labios en forma de o
suave, lento, cariñoso.
Un pájaro cuelga de una rama
la zangolotea sin caer al vacío
Pero a él no le importa
al final dios por algo le dio alas
Otros pájaros siguen cantando
o gritan intentando despertar a la vida
Ahora todo está quieto
parece una fotografía
¿Sera posible que las cigarras sigan dormidas?
¿Algún gusano ya habrá empezado a trazar caminos en el lodo?
¿Los insectos sentirán modorra?
¿La nueva generación de moscas ya habrá nacido?
¿En dónde descansan los mosquitos?
A veces quiero ser un gusano:
quitarme las ropas
entrar desnudo al lodo
serpentear trazando caminos
sentir la frescura de la tierra de donde provengo
Ser ciego, perder los ojos
la nariz y los oídos
Solo sentir y comer
Ser aún más rosado
Comerme al mundo de a pequeños bocados
Que al final mis restos alimenten al resto de la vida
Sería aún más útil que con mi forma humana
A veces quiero ser algo más que esto
unirme al paisaje
ser viento que sacude a las hojas
ser árbol que resiste tempestades
ser tallo y hoja,
para de tierra y sol solo alimentarme
Pero al fin de cuentas
soy esto, sin sentirlo de verdad
soy lo otro y aquello
sin ser yo en realidad
sábado, 19 de mayo de 2018
Concédeme
Concédeme en un baile
La pieza de la vida
Concedeme sostener tus manos
Hacerte volar y ser tu aire
Concédeme ser las letras
Que acaricien tu alma
Ser palabra en tu boca
Ser oración en tus mañanas.
Concédeme ser escalera en tu camino,
Llevarte alto: al cielo, al sol, al vacío
Para que dibujes en él tus caprichos.
Si quieres borra todo, pero llévame contigo.
Concédeme en un instante por lo menos
Ser eterno en tus labios
Porque te concederé
Eterna ser
En mis palabras.
La pieza de la vida
Concedeme sostener tus manos
Hacerte volar y ser tu aire
Concédeme ser las letras
Que acaricien tu alma
Ser palabra en tu boca
Ser oración en tus mañanas.
Concédeme ser escalera en tu camino,
Llevarte alto: al cielo, al sol, al vacío
Para que dibujes en él tus caprichos.
Si quieres borra todo, pero llévame contigo.
Concédeme en un instante por lo menos
Ser eterno en tus labios
Porque te concederé
Eterna ser
En mis palabras.
viernes, 27 de abril de 2018
De libros, poesía y mezcal
“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Siendo estas palabras la chispa que encendió
mi viaje de poco más de media hora hacia Tixtla, dónde se levantó la 6ta feria del libro guerrerense. Siendo está
un homenaje en vida para el escritor chilpancingueño Pepe Rojo.
Sobre la explanada de la plaza cívica de Tixtla, estaba
montada la sala de lectura Pita Amor equipada con asientos para presenciar los
ciclos de lectura y demás conferencias que se impartieron en esta feria del
libro itinerante, que también tuvo lugar en escuelas de esta ciudad. Unos pocos
minutos después de las 17 horas, comenzó la charla con el autor Ángel Vargas
quien presentó su libro El viaje y lo domestico. El autor acapulqueño nos habló
sobre su libro y contesto algunas preguntas del público, en su mayoría
estudiantes de preparatoria (acarreados literarios). “La lectura es la primera
escuela del escritor”, fue una de las respuestas que dio el autor al
preguntarle qué consejos daría a los escritores novatos. Al terminar la charla,
Ángel Vargas firmo su libro a todos los presentes que formaron una larga fila
justo afuera de la sala de lectura.
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| Ángel Vargas |
Justo después comenzó la lectura de obra de Pepe Rojo y
Gabriela Damián. La autora leyó Futura Nereida, una obra que en palabras de su
creadora “es una historia de amor, ¡si, de amor! Pero de amor hacia los libros.
Es muy cursi, así que prepárense”. Antes de iniciar el autor Pepe Rojo con su
lectura, nos pidió a todos los presentes pensar en nuestra palabra favorita y
recordarla para cuando él acabara de leer. Todos lo hicimos y escuchamos con
atención, porque era inevitable no hacerlo, Bondage mediático, altamente
recomendable. Al terminar, Pepe Rojo paso por cada uno de los lugares y con el
micrófono hizo que todos pronunciáramos nuestra palabra, siendo un experimento
para crear una historia entre todos. Algo que al final resulto en algo sin pies
y cabeza.
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| Gabriela Damián |
Unos poco minutos después comenzó el homenaje a Pepe Rojo,
después de tanto protocolo y felicitaciones. En pantalla se mostró un mensaje
del autor Bernardo Fernández, quien no pudo presentarse en el evento, pero
quiso dar sus felicitaciones. Luego le siguieron el autor chilpancingueño
Carlos. F. Ortiz e Iván Farías de la Ciudad de México, todos animados por el
ardiente sabor del mezcal guerrerense.
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| Carlos Ortiz, Pepe Rojo e Ivan Farías (de izquierda a derecha) |
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